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7 / 8-02-2009
Ruta Ademuz (Valencia) - Las Majadas (Cuenca)
Autor: Scila  

Equipos inscritos:

-Mariscal y sus dos Pilares. -Land Rover Discovery.

-LagartoXixo-Espe. -Súper Toyota KJD 90.

-Scila-Clara. -Mini Toyotita KDJ 125.

-Xavi-Itxaso. -Patrol GR-60 (histórico).

-Mut. -Nissan Patrol SD33.

-Valjimy. -Suzuki.

-Víctor-Julia. -Land Rover Discovery.

La salida estaba fijada para las ocho en punto en la Reva , hasta que Mut sugirió adelantarla a las siete y, como clavos, allí estábamos casi todos.

El Presi sentenció que en lo sucesivo no se esperará a nadie más de quince minutos. Ya nos íbamos cuando apareció, a toda máquina LagartoXixo, dentro del límite del tiempo de cortesía. Exigimos que nos pagase los cafés, las copas, y los puros por llegar tarde, pero no coló.

Sin más demoras salimos en dirección Requena-Utiel, donde tomaríamos la carretera hacia Ademuz, inicio de la ruta y punto de parada para almorzar. Allí se incorporaron Víctor y Valjimy.

Del almuerzo mejor no hablar; que si el crujiente pan de pueblo, que si ese embutido aromático conservado en orzas de aceite de oliva, el vino de la tierra (o la cerveza) para empujar, aquellas olivas aderezadas con hierbas del campo, los cafés concentrados y... si alguien le puso unas gotas de algo al café, sería a escondidas, que aquí se respeta a tope lo de “con gotas no conduzcas”.

Bien pertrechados de calorías, salimos dispuestos a comernos- si no el mundo- sí el barro, la nieve y al oso.

Parece casualidad- y lo es- las dos primeras fotos del grupo expedicionario se hacen sentados a la mesa, comiendo y bebiendo, y no metidos en harina, es decir, en el barro y en la nieve, que serían los protagonistas omnipresentes a lo largo de las dos intensas jornadas. Cada cosa a su tiempo.

Debido a las dificultades, y la extensión de la ruta programada, hubo que efectuar algunos cambios y recortar kilómetros. Salimos de Ademuz por Los Santos, Castelfabib, Veguillas de la Sierra , Alobras y El Cañigral, hasta el Barranco de la Cueva del Garve.

La intención era llegar a la Umbría del Oso, pero en el camino de Los Cortijos, la nieve, y bajo ésta el hielo, comenzaron a causarnos problemas. Tenemos la primera parada forzosa: Un LR queda atrapado.

La subida resulta muy dificultosa, pese a no aparentar un gran desnivel, los neumáticos se hunden tan profundamente que los bajos descansan sobre la nieve helada.

Hay puntos con una profundidad por encima de los cincuenta centímetros, literalmente se entierran los vehículos en la nieve sin hollar, somos los primeros en pasar por allí. Era como pisar la luna por la cara oculta.

El LR bloquea la subida, hay que pasar por el lateral de la pista pero allí la nieve está muy blanda, corremos el riesgo de quedar todos atrapados en la blanquísima trampa.

Finalmente uno de los Toyotas logra pasar creando una rodera lateral y, tras él, los demás vehículos suben el repecho situándose delante del LR inmovilizado. Ahora sí podremos sacarlo.

Mientras se prepara el material para sacar el LR, Espe dispara su cámara inmortalizando el hecho infrecuente de ver a un Rover sucumbir ante los elementos.

Superado el incidente rodamos por una pista inclinada que, a los cien metros, está cortada por un portón con cadenas y candados. Al intentar retroceder de nuevo queda atrapado el LR y, lo que es peor, rompe una pieza que afecta a la bomba del agua y al generador.

Tras un par de intentos de reparación de urgencia, hay que optar por sacarlo, de lo que se encarga el maquinón de Xavi y su cabrestante todo poderoso. Gesta heroica de la que, lamentablemente, no tenemos constancia fotográfica. ¡Esos reporteros gráficos!

¿Dónde estaban?

Mut se ocupa de enganchar el cabrestante y la eslinga. Todo el grupo participa y colabora, con entusiasmo y camaradería.

Mariscal, bajo la atenta mirada de los mirones- que suelen ser más que los que trabajan- ultima la fijación de la eslinga al Toyota para proceder a subir al LR desde el punto en el que lo dejó el cabrestante de Xavi.

Una vez remolcado hasta una zona más plana, el Toyota de Scila termina de subirle y remolcarle luego hasta el pueblo de Masegoso donde la grúa se haría cargo de él.

Como no podía ser de otra manera, la totalidad del grupo colaboró activamente a lo largo de las dos jornadas en cuantas ocasiones fue necesario para sacar un coche del atasco.

Remolcado y aparcado el Discovery nos dirigimos a comer a Terriente. Era el único bar del pueblo y no nos dieron de comer, pero nos dejaron unas mesas y nos proporcionaron la bebida y los cafés.

El Bar parecía sacado de otra época, pequeño, escasamente amueblado y punto de reunión obligado para jugar la partida de dominó los escasos paisanos que habitan la aldea.

La camarera merecería un comentario detallado, por su aspecto- más de metro noventa y las facciones a medio hacer- era curioso ver cómo dirigía el negocio parapetada tras el mostrador. Pero esa noche nos parecería más llamativa la niña del exorcista.

Finalizada la comida nos dirigimos al encuentro de la grúa y, tras cargar el vehículo, repartimos el equipaje en varios coches.

Mariscal y su familia se acomodaron en dos Toyotas. ¿Por qué los elegiría para terminar la ruta? ¿Estaría pensando en cambiar de marca? Habrá que preguntárselo.

Optamos por intentar llegar a la Umbría del Oso. Nieva a ratos y la ruta se complica. Al llegar a Vallecillo la noche se nos echa encima y el camino es cada vez más complicado, la nieve se acumula en el suelo, las bajas temperaturas propician la aparición de hielo y la conducción es dificultosa con la ventisca de cara. Decidimos buscar un camino más directo hasta Tragacete, donde haremos noche, si llegamos.

A la salida de Zafrilla, en el puerto, suben Mut y Scila delante pero, Valjimy y Lagarto se quedan atascados una y otra vez, tienen que ser rescatados por Xavi y Víctor. Los cuatro vehículos coronan el puerto casi dos horas más tarde. Tenemos serias dudas sobre si el camino que seguimos es el correcto, algunos proponen dar la vuelta y tomar una ruta más corta y segura hacia Tragacete. Pero la mayoría aventurera insiste en seguir, el tiempo y el esfuerzo invertido en la subida no puede ser estéril. Sigue nevando.

Mut continúa en cabeza y tras él Scila. Mientras conduce, Mut envía cientos de SMS, habla por la emisora y nos guía con un sólo faro. Al tiempo atiende al Tom-Tom, que nos marca el camino en la oscura noche, por una carretera que, ni Clara en sus tropecientos mapas, ni los cinco satélites del GPS, encuentran. La nieve cada vez es más espesa, y la ventisca no deja ver. La carretera desciende y resulta más fácil rodar sin riesgo de quedarse atrapados por la nieve. Llegamos a la Laguna del Marquesado y tomamos la carretera a Tragacete. El asfalto era ya visible bajo la nieve pero las placas de hielo no tanto.

Llegados al hotel el Gamo, nos sentamos a la mesa con hambre, frío y cansancio. Ha sido una jornada distraída, durante la que hemos eslingado decenas de veces, apaleado nieve como si nos fuese la vida en ello, caminado arriba y abajo con nieve hasta las rodillas y conducido en condiciones extremas durante horas. ¡Queríamos el morteruelo, ya! ¿Dónde estaba el morteruelo?

Todos queríamos morteruelo para hacer boca mientras llegaba la cena, esperamos salivando de hambre, pero el tiempo pasaba y no llegaba. Nos sirvieron el primer plato, nos lo comimos y el morteruelo sin llegar. Mariscal lo reclamó a la niña del exorcista pero ésta le miró sin verle, apuntando los ojos, fríos como dagas venecianas, al infinito y no respondió. Un escalofrío recorrió las espaldas de los comensales que imaginaron qué podría hacer aquella criatura con un enorme cuchillo, en la oscuridad de la noche por los pasillos del hotel, y sin medicación.

El domingo desayunamos sobre las 09:00. Intentamos pagar el hotel y la cena al padre de la niña del exorcista- propietario del hotel- y aunque costó negociar con el anciano de la pata de palo el asunto del IVA, y el pago con tarjetas de crédito (nos mandaba a sacar dinero en efectivo a un cajero), se pudo arreglar la cosa finalmente.

A las 10:00 emprendíamos el camino hacia el Estrecho del Infierno. La Cañada del Hontanar estaba muy complicada y la nieve cada vez subía más de altura. Vadeamos el río Júcar y comprobamos que nos era imposible seguir. Había demasiada nieve. Víctor y su LR decidieron probar pero, a los pocos metros, cayó de lado y quedó hundido hasta las puertas en la nieve. Xavi fue el encargado de tirar con su cabrestante, más la polea de reenvío sujeta a un pino, para rescatar el vehículo seguramente más seguro y potente del grupo.

Podríamos decir que con el cabrestante fue fácil sacarle pero no sería cierto, hubo intentos, reintentos e, incluso, un cambio de fijación de la polea a otro tronco más alejado para poder dejarle en el centro de la pista, para que retrocediese por sus medios hasta una zona más segura. Todo el grupo se empleó a fondo para sacar del atolladero al poderoso LR que parecía menos invencible, hundido en la nieve y con una inclinación de más de un treinta por ciento.

A la salida del estrecho encontramos un refugio cubierto de nieve pero así y todo lo usamos para almorzar y recuperar fuerzas. Al final nos fuimos sin probar las famosas manzanas del básquet de Isatzo y Xavi. Habrá que preguntarles cómo estaban.

Optamos por dirigirnos directamente a Las Majadas. Tomamos hacia Poyatos- nieve a tope- y seguimos por el Hosquillo hasta el desvío al Parque, pero estaba cerrado. No había salidas laterales y dimos la vuelta. Valjimy se quedó atascado al girar pero salió por sus medios. La nieve aumentaba de espesor y de subida la cosa se complicaba. El Toyota de LagartoXixo (con bloqueos varios) quedó atrapado, y muy escorado. Valjimy, que iba pegado a él, también se quedó, impidiéndole maniobrar marcha atrás. Tras varios intentos, las planchas de Xavi resolvieron la situación. El resto de la ruta transcurrió por paisajes alucinantes, nórdicos, pero sin problemas dignos de mención hasta Las Majadas. La comida nos pareció exquisita, nada que ver el Bar Raquel con la niña del exorcista. Sobre las 18:00 iniciamos el regreso hacia Valencia vía Cuenca. Una ruta para repetir.

y ...Fin!

 

 

 

 

 

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