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11-07-2009
Ruta "Crossing Penyagolosa"
Autor: Scila  

Salida organizada por Porkys (Alexis) y Castellonero (Vicente), este último finalmente no pudo acudir por falta de piezas de repuesto para su vehículo. Porkys se trajo un copiloto de lujo: Justo. Ruta:

•  Peñagolosa (Castellón)

•  Maestrazgo (Castellón- Teruel)

Coches:

-Mariscal (LR)

-LagartoXixo (Toyota)

-Porkys (Kia-Sorrento)

-Víctor (Jeep)

-Scila (Toyota).

-La ruta se inicia en Benasal, a las 08:00 horas, lo que supone un auténtico madrugón. Hubo quien a las cinco ya estaba en pie para no llegar tarde, que se está poniendo serio, muy serio, eso de la puntualidad. Por cierto, a menos de ochenta kilómetros de Valencia llegamos a registrar 12 grados de temperatura y alguna llovizna. Cuando salimos, sobre las 5:30 ya teníamos 26 grados en Valencia, el contraste era más que notable.

-En Benasal se produce el reagrupamiento general y, a través de pistas, llegamos hasta Villafranca del Cid (alto Maestrazgo) . Era día de mercadillo lo que dificultó un poco localizar un lugar donde poder aparcar y dar cuenta de un apetitoso almuerzo. El bar donde paramos nos lo recomendaron unos lugareños y, a pesar de las reticencias del posadero ante el temor de que terminásemos con sus reservas de pan, nos prepararon unos bocatas de lujo. Varias jarras de cerveza (casi sin alcohol) acompañaron el ágape. Tras los cafés de rigor reanudamos la marcha con la andorga más tranquila.

A la salida de Villafranca, nos detenemos en el mirador para hacer unas fotografías. Al ver la “calzada romana” empedrada con adoquines sueltos de casi media tonelada cada uno, alguien dijo aquello de: “marica el último”, y comenzamos el descenso en primera reductora, con el freno de mano a media hasta y los dientes apretados. Lo que pasaba por debajo de las delicadas barrigas de nuestras monturas eran peñascos sueltos de doscientos kilos.

A Porkys se le excusó por aquello de su reciente reparación y por su viaje del día siguiente, que nunca se sabe quién ni qué se romperá en esas atrevidas aventuras trialeras. Pronto rugieron los motores y la manada de cuatreros asombraron a propios y a extraños con las complicadas y dificultosas maniobras para esquivar, sino a todos sí a algunos de los tremendos pedruscos de la calzada.

A Scila le enviaron delante por si a caso. Pero tuvo que apearse Mariscal y venir a señalar con las dos manos por donde se podía atacar la dificultosa bajada, que además de la pendiente de vértigo, estaba plagada de obstáculos de granito, con filos y puntas de silex, capaces de rebanar un neumático sin mellarse, sin perder su filo.

También Lagarto se sumó al equipo de a pie para dirigir la maniobra y, centímetro a centímetro, el Toyota de Scila recién sacado del Taller (para limpiar bajos y polvos antiguos, no por otra cosa) descendió hasta el inicio de la calzada que cruza una comarcal asfaltada, finalizando la cosa sin daños aparentes.

Aparcó dónde pudo y regresó a colaborar en el descenso de los otros vehículos, para entonces ya se agolpaba una multitud venida de las aldeas vecinas a contemplar la descomunal lucha entre el hombre “cuatrero” y la naturaleza. El siguiente en descender fue Lagarto, con Porkys como copiloto.

Lógicamente las rodaduras del primer Toyota sobre los bloques de granito marcaron el camino al segundo Toyota y la cosa fue algo menos dificultosa. Mariscal, con su poderoso LR, no tuvo ningún problema en bajar silbando y sin quitarse el sombrero y, cerrando el grupo, bajó Víctor que, para ponernos un poquito en ridículo, dejó el volante a esa pequeña perra que le acompaña, blanca como la nieve de las Majadas y, el animalito dejó caer el Jeep de tal manera que tan sólo tuvo su dueño que corregir algunos giros del volante con una mano, la otra sostenía a la dichosa perra que, seguramente, ni siquiera tiene permiso de conducir.

Pues esto no fue nada, lo bueno llegó cuando alguien dijo: “Si hemos bajado… hay que subir”. Para no extenderme, la subida además de las dificultades imaginables tenía otra adicional: las rocas sueltas, al pasar sobre ellas los neumáticos, salían despedidas hacia atrás como balas de cañón, de los de Navarone.

Comenzaron Víctor y su perra la ascensión, seguidos de Lagarto, Mariscal y, Scila, que cerraba la columna. Se hicieron miles fotos, la mayoría muy mal tomadas, (para cuando ese curso de fotografía off road), y algunos vídeos. Pocos y malos, que no vino Espe, que es la especialista.

El numeroso público aplaudió e incluso se colaron algunos en los vehículos, quería tocarlos, verlos de cerca, saber cosas íntimas de ellos… y como el público era joven y atractivo, a alguno no le importó que se le llenase el coche de curiosas que todo lo tocaban.

Continuamos ruta hacia el Santuario de la Virgen de la Estrella , entrando ya en territorio de la provincia de Teruel. Este santuario se encuentra en una villa que pertenece al término municipal de Mosqueruela, a orillas del río Monleón, donde prácticamente solo vive el matrimonio que lo cuida y enseña.

El santuario data del siglo XVII. En 1647, el papa Inocencio X concede indulgencias a la Cofradía de La Estrella. En 1673, mosen Domingo Monforte instituye una capellanía laical en la Estrella y las romerías comienzan a desarrollarse. Desde 1720 hasta 1731 se reconstruye el santuario, y construyeron una hospedería, la casa Vieja, y, en 1738, una nueva hospedería: la casa Nueva, que junto al santuario, completan la plaza de la Villeta.

El santuario actual tiene una planta de tres naves. La nave principal se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, mientras que las laterales lo hacen con casquetes esféricos. Se han perdido la mayoría de los retablos, pero se conservan restos del programa pictórico de iconografía mariana. El santuario presenta tendencias levantinas y unas características propias de la arquitectura de la primera mitad del siglo XVIII en la zona.

La abuelilla que tiene las llaves se prestó como siempre a mostrarnos sus tesoros, el interior de la iglesia, y a contarnos esas historias que cuenta la mujer a cada grupo que se detiene allí. Lagarto hizo muy buenas migas con la anciana mujer, que le tomó cariño y no quería dejarle marchar. Hay que darle una propinilla cuando termina la visita que, aunque ella se resiste un poco a admitirla, no le viene mal y es justo ya que con lo que estaba cayendo, incluso a la sombra, la mujer aguantó a pleno sol hasta que nos quisimos ir.

Desde la Estrella continuamos camino hasta San Juan de Peñagolosa, monasterio situado en el término de Vistabella del Maestrazgo, a los pies del pico Peñagolosa. Aquí se despidió Víctor, los demás continuamos la ruta hasta Puertomingalvo, por pistas forestales, cruzando bosques inmensos de pinos y sabinas. El paisaje espectacular, a pesar de ser el tercer viaje por la zona en menos de seis meses, sigue impresionándome como la primera vez.

Puertomingalvo es una población enclavada en pleno Parque del Maestrazgo al noreste de la comarca de Gúdar-Javalambre , en la provincia de Teruel. Pueblo declarado de interés turístico que cuenta con importantes edificios y casas señoriales, adornadas de blasones en piedra sobre las fachadas.

Quien no conozca Casa Juan en Puertomingalvo tiene una obligación pendiente, ir a conocerlo. Nos dieron de comer como si estuviésemos en un afamado restaurante cargado de estrellas Michelín. Desde el salón el paisaje era una delicia y los entrantes casi nos dejan sin ganas de seguir comiendo pero… la carne era exquisita, y el pescado recién salido de la Mar Océana, el vino de la Comarca estaba como para decir misa con él. Tras los postres se despidieron Porkys y Justo, su copiloto.

Los tres coches que quedamos optamos por hacer la ruta “cañera” de Teruel, desde Mosqueruela a Villafranca. Por pistas cada vez más duras nos dirigimos en dirección al camino de Villafranca.

El camino es difícil, muy duro para los vehículos. Traqueteamos como diligencias cruzando el Gran Cañón y, al llegar a la Masía de Peris, en la confluencia de las pistas que van a Villafranca y San Juan de Peñagolosa, nos encontramos con una valla cerrada con gruesas cadenas y un enorme candado. No teníamos opción. Sin roderas ni senda alguna tiramos monte a través, buscando ruta alternativa. Las dificultades eran excesivas para los amortiguadores y los bajos, prácticamente rodábamos sobre guijarros, setos espinosos y monte bajo, literalmente abríamos pista donde no la había.

Tras bajar y subir durante más de hora y media llegamos a un punto imposible, las vallas de piedra cerraban toda opción de seguir. Se nos cerraban todos los accesos. Tras estudiar el terreno a pie buscando soluciones posibles, regresamos un par de kilómetros hasta donde el GPS nos indicó la proximidad de una pista, distinguimos una casa, que seguramente era la Masía de Peris y allí retomamos la pista. Acceder a esa senda no fue tarea fácil, de nuevo hubo que echar pie a tierra y dirigir la maniobra de acceso, saltando entre rocas y peñascos que nos ponían muy difícil la entrada. Pero como los romanos, por donde pasamos arreglamos lo que está por arreglar, Mariscal colocó- con la habilidad de un constructor romano- unas cuantas rocas de forma que pasando sobre ellas logramos adentrarnos en la nueva pista, virgen de rodaduras.

Seguimos esas pistas, muy accidentadas, que discurrían entre dos campos vallados y, cuando llegamos al desvío hacia Mosqueruela, decidimos que siendo ya las 19:00 horas era preferible plantearse el regreso, nos quedaban más de doscientos kilómetros y la niebla amenazaba con ponernos difícil el regreso. Continuamos por la pista en dirección a Villafranca buscando ya el asfalto e iniciando el regreso.

Durante una parte del camino la niebla se hizo tan presente que el morro del coche no se podía ver. La velocidad máxima no superaba los 40/60 km./h. Finalmente al entrar en la provincia de Valencia levantó la niebla y pudimos terminar el viaje a una hora razonable, a las diez en el lavadero y, media hora después, en casa.

Una salida más de la gente de Levante4x4, un día estupendo, intenso, completo. Mucha caña (la subida y bajada de la calzada romana la recordaré mucho tiempo), las casi tres horas de rodar campo a través fueron… ¡qué os voy a contar! Y el grupo funcionó como siempre, como una familia.

Por Diego&Clara

 

 

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