los lagartos al sol

Es curioso como los quatreros se pirran por organizar una bajada al moro, es decir, meterse en las ardientes arenas del desierto a tragar polvo, sufrir pinchazos, roturas, arriesgarse a dormir sobre un nido de araclanes rabiosos por clavar el puñetero aguijón, o serpientes cornudas de venenosa picadura, a pasar sed y calamidades sin fin. A perderse, a hundirse en las profundidades de las dunas hasta las estriberas, a tener que pedir ayuda a los camelleros bereberes para sacar el todo terreno preparado hasta la exageración pero que se clava en la arena  igual que los seat-600. Todo esto y más lo sobrellevan con estoicidad, con buen humor e incluso, juran a quien quiere escuchar su batallitas que… lo disfrutan, que les pone.

Sin embargo, en cuanto llega el calor a la península les entra el sopor y ya ni salen al campo, ni al desierto de matalascañas, ni se hacen una simbólica trialera en cualquier zona en obras de la ciudad. Se quedan en la hamaca-tumbona con una jarra, de a litro, de cerveza espumosa y fría, el plato de picar cerca y la piscina o la playa a pocos metros, y se olvida de sus obligaciones como quatrero de pro, estar siempre al loro, siempre de ruta, buscando la dificultad, el peligro controlado, etc, etc.

En fin, que ya no les veremos en acción hasta que la nieve, el agua, y el barro entren por las ventanillas de los snorquels. así que a pasarlo bien los días que quedan, pronto saldrán de nuevo a los caminos y sendas en busca de la rutilla perdida.

About Autor