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SALIDA UTIEL-TRAGACETE-UTIEL, 14 Y 15 DE MAYO DE 2011

Cronicas de Rutas - Crónicas de Rutas

 

Punto de encuentro y Salida: Gasolinera de Utiel.

Hora: 9:00 horas.

 

El objetivo de esta salida, divida en dos jornadas, consistirá en rutear siguiendo los puntos marcados por Leuka. Se formarán dos equipos y cada uno tratará de llegar al siguiente punto por los caminos o pistas que cada equipo encuentre mediante su navegador y el Topo. Todos los caminos son válidos si nos llevan al punto. Se trata de encontrarlos y seguirlos.

La climatología prevé lluvias intermitentes el sábado y lluvia a discreción el domingo. La diversión, y las “quedadas” en el barro, están aseguradas. Pero no adelantemos acontecimientos, una cosa es lo que dice la “chica del tiempo” y otra el tiempo que hace.

La primera incidencia del día la tenemos cuando, antes de salir, comprobamos que mi emisora emite, pero no recibe. Tendremos que permanecer incomunicados todo el fin de semana. Menos mal que Leuka se saca de la manga dos mini walkis- amarillos como el submarino- y Clara, de otra manga, obtiene dos juegos de baterías a estrenar. Podremos hablar dos a dos, por lo menos.

Actualizado (Miércoles, 11 de Enero de 2012 13:10)

 

VALLE DEL RONCAL, ARAGON ( HUESCA ) Y NAVARRA - 18/21 De MARZO 2011.

Usar puntuación: / 4
MaloBueno 
Cronicas de Rutas - Crónicas de Rutas

 

Estupenda ruta por los parajes más agrestes de Aragón y Navarra a la que asisitieron dos de nuestros socios, Scila y Clara, que con su  Toyota.  Participaron representando a Levante4x4. Esta ruta estuvo organizada por Territori4x4. Bajo la crónica podéis ver el enlace al reportaje fotográfico de la misma.

Saludos.

Mawerik. Vocal de Medios del Club Levante4x4.

 

Apenas extinguidos los ecos atronadores de la mascletá fallera, dos y veinte del medio día, accedemos al “by pass” con dirección a la Autovía Mudéjar (Teruel sí existe). Coloco el chip de los

ciento diez kilómetros/hora, hay que hacerse a la idea. Es difícil respetar el límite cuando los cientos de Horse Powers del pequeño japo tres puertas, se encabritan bajo el capó y brincan fogosos deseando rodar a su velocidad de crucero óptima, 150 km/h con el viento de cola. Hasta las bicicletas- que dicen ser para el verano- te adelanten y saludan con risitas de puro sarcasmo.

Las fragonetas con cortinas floreadas- ¿por qué las llevan? superan los ciento sesenta, los utilitarios adelantan a las fragonetas, y yo, en el carril de la derecha cediendo el paso a los camiones, que

Actualizado (Sábado, 15 de Octubre de 2011 16:11)

 

Geocaching. Teruel 05-03-2011

Usar puntuación: / 5
MaloBueno 
Cronicas de Rutas - Crónicas de Rutas

Conociendo los problemas de mi copilota con la puntualidad matutina optamos por hacer noche en Teruel y así llegar casi a la hora de salida marcada por la organización del evento. Como se nos fue el pie con el pedal del gas hicimos el trayecto en un plis plas- hay que aprovechar que la semana que viene iremos todos como a cien km/h. o así. Tras dejar las bolsas a buen recaudo en la pensión la sola cama salimos a dar un voltio y confirmar que efectivamente Teruel existe.
Y no sólo existe si no que es un destino de interés máximo, tanto en lo relacionado con el arte mudéjar- ya veréis los miles de fotos que hicimos- como en el arte culinario, o la abundancia y variedad en montañas cubiertas de bosques, con alturas milenarias y nieves casi perpetuas. En un par de horas habíamos visto lo mejor del centro histórico, pero, qué casualidad, nos encontramos con Leuka y señora, y pudimos comprobar que a pesar de haberlo visto no habíamos visto nada. Hace falta un buen cicerone que explique cada detalle, que date la antigüedad de este edificio, la función y el destino de este otro, los materiales empleados en las construcción de aquel de más allá, el por qué ese torico no es un torazo…
El encuentro con Leuka fue una suerte- además de una casualidad prevista- lo que nos permitió conocer de primera mano los rincones más interesantes de la ciudad y, tras la caminata tan agradable, interrumpida en alguna ocasión para tomar un tentenpié, nos llegamos como sin querer hasta un pequeño restaurante cuyo nombre no sólo recuerdo sino que además conservo la tarjeta correspondiente. Presumiendo que el día siguiente sería frío, duro y sin muchas posibilidades de almorzar un par de veces antes de la comida, según costumbre, decidimos darnos un pequeño placer con aquellas delicias que llaman a las hermosas fuentes cubiertas de un veteado jamón teruelano, que nada tiene que envidiar a los famosos pata negra belloteros de las sierras del Jerte. Como no es la cuestión a tratar no entraré en detalles de las exquisiteces de aquella cena para amantes, amantes de la buena mesa, ni de los vinos escogidos por la catadora o someliera oficial. Tan sólo comentar que quedamos satisfechos, incluso con los olorosos postres en los que no podía faltar, y no faltó, aquella capa de chocolate caliente, muy negro, cubriéndolos generosamente.
Puesto que al día siguiente habríamos de estar en forma ya de mañana, optamos por pasear la cena bajo la agradable temperatura nocturna, unos -4ºC, que hacían el paseo muy, muy agradable, y sin esa sensación nefasta de la sudoración del caminante. Llegados al lugar apropiado nos regalamos con unas exquisitas bebidas, no vale poner marcas, mientras la música contagiosa nos obligó a saltar a la pista que ya no abandonaríamos hasta que, alguien sensato, recordó que unas pocas horas más tarde habríamos de acudir a Sarrión, antes de amanecer. Regresamos cada mochuelo a su olivo, no sin antes reírnos con la gracieta que nos hizo la máquina lectora de matrículas en el aparcamiento: no identificaba la mía y se negaba a dejarme salir, a pesar de haber pasado por caja. Al zumbido del timbre no acudía el adormilado vigilante pero un madrileño de matrícula impaciente que venía detrás de mí, comenzó a hacer sonar el poderoso claxon de su vehículo y por fin acudió el encargado nocturno que, con paciencia infinita, y sin prisa, resolvió el problema con un ticket nuevo. Salimos a la madrugada de la calle cuando el gallo cantó por primera vez: eran las tres de la mañana.
Puntuales como nunca partimos bien desayunados hacia el punto de encuentro en Sarrión. A Leuka le acompañaba un conocido y silencioso fotógrafo (Faustino), al parecer interesado en realizar un magistral foto reportaje del geoching levantino que terminará, seguramente, ocupando las páginas centrales de LIFE o el National Geografic.
Cuando llegamos ya nos esperaba chequevó y su copilota, fuimos a llenar los depósitos pero no pudo ser, el trastlántico de Sergio (no se me ocurre otro nombre para semejante monstruo) había terminado con las existencias de la gasolinera. Menos mal que llegó una cuba en ese momento y pudimos llenar nosotros también, pero ya con el incremento de precio de la mañana. El guía y coordinador de la ruta del día nos puso en fila india, nos dio unas indicaciones y cuatro WP y salimos de estampida. Mi copilota se esforzaba por no perderse pero no lo suficiente. Leuka, riéndose sin reparos de nuestra impericia, observaba como nos alejábamos del punto varios kilómetros, cuando estábamos a punto de despeñarnos avisaba: “No vais bien…” Y vuelta a empezar. Lo de siempre, que el satélite se desconectaba, que el mapa no estaba bien cargado, que la brújula electromagnética se había desmagnetizado… finalmente hablé seriamente con la copilota: si te vuelves a perder, no almuerzas. Fue milagroso, no se perdió más.
A todo esto la fina lluvia se estaba convirtiendo en nevada a secas que ponía un ligero manto blanco en el suelo eliminando el rastro de las roderas, había que imaginarlas. A medida que la ruta subía en altitud también crecía la intensidad de la nevada. Pronto comenzamos a rodar sobre un grueso manto de nieve blanca y esponjosa. El bosque comenzó a volverse impenetrable y las referencias del suelo habían desaparecido. Se trataba de encontrar entre dos árboles el punto por el que abrirse paso, marcar unas profundas roderas a los vehículos que nos seguían y adivinar hacia dónde nos llevarían los WP. Las ramas de los abetos, dobladas por el peso de la nieve, azotaban los retrovisores y el parabrisas, la antena de la emisora soportaba un continuo castigo que terminó por doblarla aunque no disminuyó su eficacia. Los comentarios por la emisora eran de admiración ante el espectáculo que la naturaleza ponía ante nuestras miradas atónitas. Avanzábamos lentamente, abriendo camino, literalmente apartando ramas y descubriendo que bajo la blanca y uniforme superficie se ocultaban pedruscos, baches y ramas como troncos. Pero nada lograba distraer nuestra atención de la belleza de los árboles, cubiertos por una densa capa de nieve, las ramas dobladas por el peso, y la superficie de la montaña engañosamente lisa, como si una gigantesca máquina la hubiese aplanado perfectamente. A pesar de la continua nevada de tanto en tanto aparecía el sol para ocultarse de nuevo. Nos detuvimos en varias ocasiones, no podíamos por menos, no se trataba tan sólo de hacer los kilómetros previstos, había que disfrutar de aquel paisaje irrepetible, y hacer unas fotos que nos permiteran más tarde recordar con total fiabilidad estas escenas fantásticas, como un decorado cinematográfico. La masa boscosa es increíble por la abundancia y la gran variedad de especies, no sólo vimos pinos de troncos extraordinariamente rectos y gruesos, también vimos sabinas, alisios, cedros, olivos centenarios, carrascas cuyas raíces esconden las valiosas trufas negras, y tantas otras familias arbóreas.
A medida que el nivel de nieve subía las dificultades crecían. La ruta era imposible de seguir, de imaginar, directamente había que inventarla, ningún rastro o señal ayudaba, cada metro era una aventura, una aventura que se traducía en litros de adrenalina que nos mantenía en tensión, disfrutando como enanos. Si no recuerdo mal, fue al alcanzar los 1900 metros de altitud cuando nos topamos con un 2x2, o 2x4, con una pareja de perros (cachorros de bulldog) y sus propietarios, una pareja de humanos algo despistados. Se habían quedado tirados en medio de la nieve y no eran capaces de salir hacia atrás, donde la nieve era más baja y tal vez habrían podido circular. Les habían intentado sacar pero sin lograrlo. Nos pidieron ayuda y yo opté por utilizar el winch. Tras enganchar al vehículo varado le arrastré varios metros pero habría sido necesario cambiar varias veces de posición para ir acercándole a la proximidad del asfalto más cercano.
Leuka propuso que se dejase caer, rodando detrás de nosotros y así podría llegar hasta el poblado que más abajo, a un par de kilómetros, les dejaría sobre asfalto. No muy tranquilo el propietario del turismo aceptó y así le acompañamos ladera abajo hasta un punto donde ya pudo seguir sólo, mientas nosotros tomábamos unas cervezas en la cantina de los bungalows.
Continuamos un tramo por asfalto aproximándonos al punto donde un gran cabrito se doraba sobre las brasas de un fuego a base de carrasca vieja y olivo. Todavía pudimos sorprendernos con la belleza de la cascada, pese a que la habíamos visto (de noche) en una salida anterior. Bajamos hasta el fondo de barranco, para estirar las piernas y hacer gana de comer, hicimos fotos y regresamos a los vehículos impacientes ya por sentarnos a la mesa con mantel, sin querer habíamos perdonado el almuerzo, la nieve no había dejado de caer y así no había forma de poner las mesas y las sillas bajo un abeto de treinta metros. Cuando llegamos al restaurante nos recibieron las fuerzas vivas del pueblo con toda cordialidad, estaban tomando ya sus cafés, con los clásicos chupitos pata la nieve. La larga mesa nos esperaba y sobre ella unas cestas contenían el mejor pan que uno pueda comer en plena zona rural y de montaña. No esperamos a la comida para comenzar a probarlo. El mesonero, avispado como pocos, aseguró que en aras de que el cabrito estuviese en su punto y con el debido punto de sazón había retrasado su punto final por lo que nos iría sacando “cuatro cosas” para hacer boca, mientras se terminaba de dorar. Protestamos sin convicción y nos tiramos literalmente como negritos famélicos sobre los platos de jamón de Teruel, los quesos curados, las setas revueltas, el pulpo a la piedra… Las jarras de cervezas se vaciaban solas, parecían evaporarse por efecto del calor. Llegadas las primeras fuentes del cabrito, dorado como si lo hubiesen pintado con huevo, pedimos vino de la tierra, espeso y con buen cuerpo.
Fue el posadero hábil como siempre, y nos ofreció aquellas tajadas del hermoso animal con suficiente hueso, y cuando casi satisfechos pensábamos en finalizar, compareció con dos bandejas más, pero en esta ocasión con los trozos más apetitosos y con menos hueso. Había dejado lo mejor para el final, que fue apoteósico. Confesamos contritos que no podíamos más, si quedaba cabrito dentro de la cocina que lo pusiera en una bolsa, que Leuka tiene uno o más perros y darían cuenta del sobrante. No obstante, por cortesía aceptamos dar cuenta de los postres caseros que nos ofreció, incluida una piña natural cortada primorosamente, como muestra de su paso por la Escuela Oficial de Hostelería. Por supuesto que los cafés y los múltiples y variados chupitos fueron una invitación de la casa. Pensamos en voz alta que Miguel y Porkys se habían perdido, sin querer, una ruta irrepetible y una comida… correcta.
Tras la comida salimos por nuestros propios pies a la calle y los cinco grados bajo cero nos devolvieron a la realidad y es que nos faltaban unos setenta kilómetros, estaba oscureciendo a causa de dos tormentas que acudían una al encuentro de la otra y, además, la zona a la que íbamos era la cumbre, la zona de los ventisqueros. Asumió chequebó la dirección y guía del grupo y reanudamos la marcha deshaciendo el camino, un par de kilómetros, para tomar la ruta prevista. Llegados a la cima encontramos un 4x4 solitario que parecía huir del diablo, nos hizo señas y le saludamos con las manos pero no era eso lo que quería decirnos, lo averiguamos un poco más tarde. Sergio galopaba con sus tropecientos caballos, experimentando la euforia de no ver roderas, de pisar tierra virgen, de adivinar por donde debía pasar sin despeñarse ya que los márgenes eran muy estrechos e imprecisos. Le seguíamos entusiasmados con el cabrito, los vapores del vinillo y el sabor a los postres de la abuela Benita. Yo no sé los demás pero, mi Toyota, iba dando más coletazos que un burro mohino. Comencé a pensar que íbamos demasiado alegres, confiados y sobrados. Hasta que de pronto veo detenerse al Jeep y a Sergio caminado por delante del morro. Algo no marchaba bien. Bajamos todos y nos dirigimos hacia el punto donde desaparecía la plataforma que nos servía de calzada, allí todo era una línea continua, habría hecho falta un bulldog para remover la nieve necesaria para dejarnos pasar. Se había terminado la aventura. O comenzaba otra. Regresar marcha atrás era imposible, patinaban las ruedas y se podrían producir las temibles zanjas que dejan la panza del vehículo sobre la nieve endurecida. Dar la vuelta era imposible, sencillamente no había sitio. Cualquier intento de salir marcha atrás fracasaba. Leuka, cuyo vehículo era el más corto intentó girar a base de maniobras y empujamdo con la trasera la nieve, tratando de ampliar la zona de giro. Y lo logró, aunque se nos pusieron tal que aquí en más de una ocasión cuando el morro asomaba peligrosamente al vacío, o las ruedas patinaban y el coche se desplazaba hacia donde quería. Una vez Juan giró llegamos a aquello de, si tú puedes yo también, y lo intenté. No quiero repetirlo que se me acelera el pulso. No veía, sencillamente no veía qué había debajo del morro del coche, pero sé que no había nada, el vacío. Clavando la rueda de repuesto en la nieve logré medio metro más de amplitud y a base de maniobras pude dar también la vuelta. ¿Cómo logró girar Sergio…? que lo cuente él, yo no me lo creo todavía, casi dos metros más de coche pero, empotrando la trasera en el muro de nieve, fue girando hasta encarar el camino de regreso. Ahora entendimos al 4x4 que movía las manos, encontramos sus huellas al final de las roderas, en el mismo punto donde hubimos de volver.
Tomó la cabeza de la expedición Juan y, con las precauciones debidas, fuimos ganando terreno a la nieve que ya nos retenía y saliendo de las dos tormentas que se avecinaban. En cuanto la nieve bajó de nivel y la tracción fue algo más segura comenzamos a rodar a buena marcha hasta descender al nacimiento del rio Arcos donde nos detuvimos para hacer unas fotos y rebajar la tensión vivida en la cumbre. Respiramos todos, unos más otros menos, con la sensación de haber salido indemnes de una situación apuradilla, pudimos tener problemas, muchos problemas, para salir de aquella trampa. Rodamos ya sobre asfalto hasta el punto de separación, unos continuamos hasta Teruel y otros regresaron a Valencia. Miré la hora: las 19:30, casi doce horas de marcha, todo el día nevando, todo el día subiendo y bajando por parajes de una belleza casi nórdica. Un grupo reducido de compañeros bien compenetrados, en perfecta armonía y ni una sola nota discordante. Lástima que estas cosas salen así cuando salen y no por la voluntad y el deseo nuestro. Mi gratitud a Leuka, por su saber hacer y su saber estar, amén de sus cualidades inimitables como guía. Sergio y Lourdes, estupendos compañeros con quienes espero coincidir en sucesivas salidas. Mis disculpas por las posible inexactitudes de la crónica pero, para contarlo tal cual, ya lo hace fenomenalmente Juan, jejejeje.

https://picasaweb.google.com/scilas/Geo ... directlink

Actualizado (Martes, 15 de Marzo de 2011 16:20)

 

AYORA-MUELA DE CORTES 26/02/2011

Usar puntuación: / 5
MaloBueno 
Cronicas de Rutas - Crónicas de Rutas

 

En apenas tres o cuatro días se montó esta salida a instancias de Peyck que, junto con Leuka, parece que son en los últimos tiempos los miembros más dinámicos del Club. El punto de encuentro, como ya es habitual, fue el Bar el Frenazo. Fuimos todos puntuales, excepto AngelRafael que no se presentó. Los almuerzos no defraudaron a nadie, los chorizos encerrados en ese pan de pueblo crujiente y oloroso enrojecieron la miga y nos pusieron en forma para iniciar la jornada. Safarito llegó el último porque tenía interés en invitarnos a todos. Por fin conocimos a su copilota, la simpática Trini, que nos sorprendería durante la comida con una receta que no conseguimos, es un secreto de familia.
Una vez adquirido el pan para la comida, Peyck hizo las compras y tuvo que volver a casa, se había olvidado la comida, salimos en dirección a Teresa de Cofrentes, cruzando el río Reconque. Al frente se puede distinguir perfectamente el vapor de las chimeneas de la central nuclear. Tomamos una pista que transcurre por montes cubiertos de pinos, tejos y abundante monte bajo, entre el que abunda el romero, cuyo inconfundible aroma inunda el interior de nuestros vehículos. Las formaciones geológicas son impresionantes durante todo el recorrido vemos cañones, barrancos y farallones de espectacular belleza.

Al llegar a Fuente Seca tomamos la pista hacia Fuente de las Simas y seguimos en paralelo al cauce seco de un arroyo que debió llevar agua abundante en tiempos dado el aspecto erosionado del lecho y laterales del cauce rocoso. La sendas nos lleva hacia arriba, ganamos altura y al tiempo sube la temperatura que ya ronda los 15º. Al tomar el desvío de Casa Caviró nos encontramos una bajada muy pronunciada, los vehículos se inclinan peligrosamente hacia el lado del conductor de tal manera que pedimos a las copilotas que se sienten en la ventana y hagan de contrapeso, ninguna se aviene a cumplir con su obligación de ayudar al conductor. ¡Como son!
Descendemos a tumba abierta por la Umbría del Águila– trialera en bajada un trecho y de subida el tramo último, el camino está muy roto, de haber barro sería francamente difícil superarlo, este tramo es coincidente con la ruta que hicimos anteriormente junto al río fraile. (Alto de la cruz).
Al llegar a la Venta Casa Máximo– nos indica Peyk que se trata de una casona solariega que querían reconvertir en casa de colonias tras su abandono por los guardas forestales que la ocuparon durante años. Frente a nosotros se alza el Caroig como un vigilante pétreo. Seguimos la pista principal del Caroig que dejamos poco después sin perder de vista, al frente, la Muela de Cortes de Pallás.
A instancias de Trini nos detenemos para una recogida masiva de romero– conoce una fórmula para elaborar un alcohol estupendo. Cuando todos comentamos lo mucho que vamos a disfrutar cuando, en la próxima salida, nos traiga un par de botellas de ese producto nos saca del error: el alcohol de romero no se bebe, es para dar friegas en caso de contracturas o cosas parecidas.
Tras el breve descanso y con los vehículos atiborrados de romero oloroso reanudamos la marcha. Tomamos la Pista la Solana y nos encontramos con una señal de límite de velocidad: 30 km/hora. No estaría mal el límite en cualquier pista forestal, pero rodamos por una senda apenas marcada sobre canto rodado y practicada exclusivamente por cabras locas, y levantinos4x4.

Giramos a la derecha en dirección hacia las cuevas rupestres de “La Araña”. Tomamos un tramo de pista asfaltada conocido como el “Camino de la Cadena”. Continuamos por esta pista que discurre paralela al río Cazunta, seco en estos momentos. Encontramos un cartel que dice “prohibido acampar sin autorización del Ayuntamiento de Castelló de la Ribera”. Nos deja perplejos, estamos circulando por la zona de la Canal de Navarrés, a muchos kilómetros de Castelló de la Ribera.
Surge la discusión por la emisora sobre si Castelló de la Ribera es, o no es, lo que se conocía como Villanueva de Castellón. Miguel- que no sabe dónde se ha metido- asegura que no, pero Clara dice que sí. Yo me habría rendido a la primera de cambio, Miguel aguantó toda la mañana negándose a admitirlo.
Internet– que es como el libro gordo de Petete – viene a dar la razón a Clara: Castelló de la Ribera antes era Villanueva de Castellón. De todas formas seguimos sin comprender cómo vino a parar hasta aquí ese cartel de varios metros de alto y ancho– seguro que alguien tuvo la genial idea de transportarlo y clavarlo donde está-: una broma que despistará a más de uno.
Encontramos una pequeña explanada donde dejar los coches para visitar las cuevas prehistóricas, con sus humos en el techo, sus pinturas rupestres y sus verjas de hierro que no dejan ver casi nada pero evitan que los desaprensivos se lleven hasta las piedras. Seguimos una senda a pie que nos lleva hasta el borde del profundo cañón cuyo fondo no es visible debido a la densa vegetación que lo invade. Descendemos por las rocas con dificultad, alguien apunta la conveniencia de utilizar el material de espeleología del que venimos provistos, una buena cordada con sus piolets, sus clavos guía y anillas de sujeción, dotadas de potentes mosquetones, habrían facilitado el descenso. A mí me preocupa más la subida.

Tras un penoso descenso en el que hubo que bajar a las copilotas a hombros, se negaban a caminar para no estropear los tacones, llegamos a la primera de las grandes cuevas prehistóricas, donde con un poco de imaginación, apoyándonos en los cuadros descriptivos fijados a la pared y las indispensables explicaciones de Peyck, alcanzamos a ver algún búfalo, el hombre de la miel y alguna otra figura más, que como alguien dijo: si a estos hombrecillos prehistóricos se les olvida el pincel y han de ir a buscar otro… necesitarían media vida para ir y volver.
Pasamos sucesivamente por cada una de las cuevas para terminar en la Gran Quemada. Es esta una cueva, seguramente la elegida por los hombres primitivos e, incluso por los cabreros de la actualidad, para cocinar los antiguos mamuts o las actuales cabras hispánicas. Todo su vasto interior es negro, negro por el hollín milenario acumulado en la bóveda y paredes.
Efectivamente el regreso fue más duro. Subir por aquellas rocas erosionadas, como si hubiesen sido pulidas o lijadas, fue una tarea de alpinistas avezados. Habrá que plantearse que para salir de ruta hay que tener una preparación mínima, asistir habitualmente al gimnasio, no fumar, comer lo justo… hay que estar muy en forma. Cuando llegamos a la rotonda donde dejamos los coches alguien dijo de aprovechar la sombra y la planicie del suelo para plantar las mesas y comer con el confort de una terraza sobre el Mediterráneo.
Pero… alguien dijo que mejor regresar un par de kilómetros y comer en ese pequeño estanque que habíamos cruzado al subir hacia la cueva de la Araña, sentarse junto al agua siempre es más agradable que la sequedad del monte bajo. Salimos disparados hacia la charca pero, cuando llegamos, comprobamos que no había ni un centímetro de sombra, el agua quedaba fuera del alcance y no podíamos aparcar, no había sitio. Continuamos descendiendo por un desvío buscando un punto adecuado de sombra pero, tras un par de kilómetros, tuvimos que regresar al primer lugar, afortunadamente no nos habían expropiado el sitio. Aparcamos, montamos sillas y mesas y comenzó el banquete a la sombra de los pinos, bajo una temperatura de unos 22º. No sé qué disfrutamos más, si de la comida, o del paraje y su tranquilidad monacal.
Pronto corrió la helada cerveza, los soberbios bocatas de pan artesanal, aquellas gigantescas olivas de Peyck (hubo quien comió dos y ya no pudo terminar su bocata) y los comentarios surgieron solos: son así de gordas por cuestión evolutiva, por criarse cerca de Cofrentes, que mala uva tienen algunos ecologistas.
Distraídos con la comida no nos enteramos de la proximidad de un grupo extraño formado por una docena de jóvenes asilvestrados y vestidos hasta la cintura con trajes de neopreno, parecían, sudorosos y agotados ellos, las chicas parecían tan pimpantes.
Dado que el neopreno sólo cubría de cintura para bajo a las hermosas excursionistas, todos miramos a otra parte para no molestar. Tengo que ver si salieron las fotos que les hice con disimulo, de todas formas no pienso describir lo que nuestros ojos pecadores vimos, o intuimos.
Nos cuentan que intentan encontrar un paso para descender al barranco y descender por él, pero es imposible, las laderas y el fondo se encuentran cubiertos por densos setos y zarzas que impiden el paso. Parecen agotados y sedientos. Les ofrecemos unas cervezas frescas, que agradecen y continúan la marcha. Les pedimos el correo a las chicas que nos los dan de mil amores, los chicos se apresuran a despedirse, se están mosqueando por momentos.
La tarde avanza, pero se está tan a gusto, tras la opípara comida, que no renunciamos a probar ese bebedizo a base de frutos del monte que nos ofrece Safarito, momento que aprovecha Trini para enseñarnos de lejos una tarta de oscuro aspecto. Cuando metemos los dedos en la llanda y probamos aquello… los suspiros se escucharon a dos kilómetros. Terminamos en un plis plas con ella pero no pudimos obtener la receta secreta. Quedamos en volver pronto a reunirnos para que Trini nos traiga más tarta.
Finalizamos con el consabido elixir digestivo del Jerte y nos fuimos urgentemente a buscar un café como dios manda, misión que no alcanzaríamos hasta la noche, ya en casa. Cuando pasamos de nuevo por la charca observamos las huellas reciente de los jóvenes del neopreno, se habían estado remojando en el agua escasa pero fresca, ocupada por miles de renacuajos.
Subimos en dirección a la Cuesta del Buitre, para continuar hacia la Cueva del Barranco Moreno. Pasamos cerca de la Cueva de las dos Bocas y nos encontramos con algunos caminos con señales de prohibido el paso puestas por los forestales, según nos informa Peyk.
Pasamos por el Puerto de la Señora siguiendo por la Vereda de las Pedrizas o Camino de la Cueva del Burro. Los farallones de las montañas son impresionantes en este tramo de la ruta, especialmente en la Cuesta Millares.
Seguimos en dirección Jarafuel, el cartel indica “ruta Penva”, Pecyk nos informa que es una ruta entre poblaciones. En internet se especifica que PENVA es un plan de evacuación que corresponde al Plan de Emergencia Nuclear Exterior a la Central Nuclear de Cofrentes (PENVA). Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Tomamos un desvío en dirección al Embalse de Cortes de Pallás. Nos detenemos para hacer fotos, aprovechando que todavía queda algo de luz. Quedamos en hacer una excursión por el pantano, desde el embarcadero. Habrá que averiguar fechas en que funcionan y horarios. Por la carretera paralela al embalse circulamos en dirección a Cofrentes. Al llegar tomamos un refresco en el bar y nos despedimos hasta una nueva ruta.
Hemos pasado un día estupendo en el que la ruta ha sido distraída y variada, de grandes contrastes geográficos, la climatología casi primaveral, y la compañía excelente.

 

https://picasaweb.google.com/scilas/LaCanal26211?authkey=Gv1sRgCM-u_4uZiPrYOQ&feat=directlink



Concurrimos:
Peyck, como guía y promotor de la cosa.
Safarito y Trini (con su tarta de chocolate).
Chequevó y Lourdes.
Scila y Clara

 

 

 

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Actualizado (Martes, 01 de Marzo de 2011 22:01)

 

Valencia-Córcega-Valencia

Usar puntuación: / 9
MaloBueno 
Cronicas de Rutas - Crónicas de Rutas

Actualizado (Viernes, 14 de Enero de 2011 15:54)

 
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